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Vencer la timidez

 

En completa continuidad con el artículo previo, titulado: "¿Qué es la timidez?", en el que quisimos señalar un esquema estructural del tema, proseguimos ahora presentando algunas consideraciones referidas al tratamiento de esta dificultad, abriendo con ello, desde una nueva perspectiva, la posibilidad de superar los malestares que la misma conlleva.

Se trata, así, de poner de manifiesto que el sujeto tímido no está -ni mucho menos- condenado a cargar con el peso de este problema para siempre y que, por el contrario, si logra superar sus limitaciones, ganará una gran confianza en sí mismo; confianza que le será útil no solo al momento de encarar y sostener una relación de pareja sino, a la par, en cualquier otro proyecto que encare, ya sea esté laboral, familiar o de amistad. Así, en primera instancia, al momento de pensar en cómo vencer la timidez, será importante considerar una combinación específica de reflexiones, técnicas y procedimientos para que, en la práctica de los mismos, el sujeto tímido vaya ganando confianza en sí mismo y, eventualmente, logre dejar atrás los temores que lo paralizan. como vencer la timidezY he aquí, lector, las dos palabras claves del presente texto, a saber: "practica", primero, y "confianza", segundo.

Se trata entonces, considerando estas palabras clave, de presentar la posibilidad de una practica que, con el tiempo, permita acceder a la confianza de que el tímido carece. Por lo demás, ten en cuenta que de nada servirá quedarse solamente en la lectura y la reflexión teórica, puesto que una practica es algo que, además de pensarse, se hace.

Pero enfoquémonos, para empezar, en un esclarecimiento conceptual en extremo importante: ¡No hay buenas razones para la timidez! Incluso por el contrario, las razones que dan fundamento a la timidez, es decir: aquello que el tímido utiliza como argumento de su parálisis (cómo explica la existencia de la misma) son, en todos los casos, malas razones. ¿Y por qué son malas razones? Simple: porque son temores que la persona no puede dominar. Y así, entrando ya entonces en las consideraciones específicamente prácticas, recuerda esto: Aquellos temores que paralizan al tímido… ¡mienten!, y su mentir es confundir la realidad con la imaginación, de modo que la persona deje de sentir la primera para, como si se tratara de un espejismo, sumergirse en la segunda. ¡Los temores mienten!, decimos y repetimos, y hasta que esto no sea comprendido no habrá posibilidad de avanzar en la superación de la timidez porque, aunque parezca mentira, la persona que sufre muchas veces prefiere aferrarse a sus sufrimientos antes de darse cuenta de que -siendo que los mismos no tienen base en la realidad- está en plena posibilidad de despedirse de ellos para continuar con una vida mejor.

 
 
 

Claves para lograrlo

Y ahora que hemos aclarado el aspecto estrictamente conceptual del tema que nos toca tratar, ¿qué podemos decir de esta practica que mencionamos más arriba, es decir, de aquello que no es solo para pensar sino, también, para hacer? Pues bien, en este sentido la respuesta inicial es tan simple que, acaso, parezca demasiado fácil. La respuesta es: respirar. ¡Sí, lector, dijimos "respirar"! Porque nada hay, de entre aquello que constituye al ser humano, más efectivo para calmar los temores que poner atención en la propia respiración. Así, cuando la timidez arremeta, montada sobre su "carro" de fantasías mal intencionadas, hay que trata de evitar, inicialmente, todo tipo de confrontación con las mismas, limitándose, como decimos, a… respirar. vencer la timidez para siempreY entonces, lentamente: inhala y exhala, sintiendo como el aire entra y sale.

Nada de pensamientos, nada de "palabras en la mente", nada que no sea respirar. Ya verás, lector, como los temores se cansan de no tener nadie con quien pelear, y pierden fuerza. Visto y considerando lo antedicho cabe aún señalar cuál es el procedimiento indicado para vencer la timidez, es decir: una suerte de consejo muy importante que ayude a la persona a salir de su parálisis para animarse a acometer en el sentido de aquello que desea.

Y bien, ¿cuál es el consejo, entonces? Pues el consejo es este: ahorrar palabras e ir directamente al grano. Así, cuando debas hablar -que será, seguramente, el punto más difícil de la "aventura"- será fundamental limitarse a la precisión. Por ejemplo -uno entre miles posibles-, para invitar al cine a una chica, o un chico, con quien tienes una relación que pareciera poder avanzar en sentido a un contacto más íntimo, lo conveniente es acercarse y, sin más, preguntar: "¿Quieres ir al cine?" Esto será mucho mejor que empezar diciendo: "Sabes que me han dicho que hay una película que… etcétera, etcétera, etcétera".

¿Y que ocurre si, hablando, de repente el nerviosismo se hace incontenible y el tímido se pone a tartamudear? Recuerda… respirar. Por lo demás, si el caso de timidez es demasiado agudo, nunca estará demás considerar la posibilidad de iniciar un tratamiento psicológico a través del cual ir identificando, con precisión, el origen de los temores sobre los que se yergue el malestar. A la par, por el lado de las técnicas de respiración, es recomendable iniciarse en la práctica de la meditación contemplativa o, también, del yoga. Estas son las alternativas, lector, ya que no existe un medicamento que cure la timidez.