Vivir en casas separadas es realmente una buena opción. Manteniendo las ventajas de la vida de soltero y sin sacrificar la pasión del amor es posible si usted toma la decisión de no compartir el mismo departamento. Para algunas parejas, el nuevo contrato ofrece hábitats amorosos separados. Hacemos el punto acerca de los pros y los contras con algunos especialistas en la materia para que usted pueda decidir con conocimiento de causa.

Los códigos de amor difieren cada vez más de los conocidos por nuestros padres y abuelos. Amar a un hombre (o una mujer) que le da todas las garantías de un afecto sincero y viven bajo el mismo techo no es fácil. Ámense unos a otros y vivan en departamentos separados, dicen muchos en la actualidad. ¿Por qué no? Esta nueva práctica, siendo una minoría, está a punto de convertirse en una forma de vida.

El modelo de departamentos independientes es cada vez más generalizado, especialmente en las grandes ciudades, dicen muchos psicólogos. El retrato robot de estas nuevas parejas son aquellas de treinta y tantos cuya libertad tiene un valor capital. Pero también las personas de 45 a 50 años que han vivido experiencias de vida compartidas desastrosas, y que desean relacionarse con una historia de amor diferente. Los defensores del “no bajo el mismo techo” tienen en un determinado perfil profesional común. Los músicos, arquitectos o fotógrafos, es decir, principalmente trabajadores independientes. En general, tienen una vida profesional muy nómada y horarios flexibles. Nada extraño es entonces si estos sujetos con hábitos tan singulares ponen frenos en el momento de compartir un espacio común.

La mayoría de las parejas que deciden vivir en casas separadas ya han pagado el precio de la fusión y por nada del mundo se dejarían atrapar de nuevo. La independencia se ha convertido en el nuevo credo de los amantes y una garantía de longevidad para la pareja. Comenzando desde el departamento como espacio individual, las ventajas son varias. De esta manera, cada encuentro es como una nueva cita. Por otra parte, este tipo de relación estimula la comunicación: en concreto, porque las funciones deben definirse en sus límites y establecer un grado de libertad que sea aceptado por ambos. Pero, ¿cómo situar el tema de la infidelidad en esta nueva geometría? Sucede en realidad que estas nuevas parejas ignoran los celos, que son el verdadero veneno de cualquier relación. Los celos, signo de la inseguridad y dependencia, no entran en juego en este tipo de parejas modernas.